viernes 12 de octubre de 2007

La novela orgánica de Miklós Szentkuthy

Buen artículo el publicado el 20 de septiembre por David Felipe Arraz en Iberarte con motivo de la salida en España del último libro de nuestro autor, Renacimiento negro, y que reproducimos en su totalidad.
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En el siglo XVII, Claudio Monteverdi busca entre los clásicos la inspiración para una nueva ópera: el ímprobo trabajo impresionista y bizantino de esa búsqueda constituye Renacimiento negro.
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Publicada en 1939, esta novela, que resistente a toda clasificación podríamos calificar de orgánica por cuanto parece evolucionar a través de la lectura como si tuviera una vida propia, es uno de los mayores revulsivos contra el adocenamiento narrativo que he leído desde hace tiempo. Hipnótica, innovadora, osada, desbordante, Renacimiento negro evoluciona ante nuestros ojos como los movimientos de las figuras de un retablo barroco, en cuyas hornacinas descansan decenas de secretos milenarios. Era difícil romper los esquemas narrativos en el siglo XX y aún hoy sorprende la fuerza de este caso excepcional de las letras europeas. El húngaro Miklós Szentkuthy, ya de por sí un hombre del Renacimiento, despliega en esta segunda parte de A propósito de Casanova -por favor, léanse las dos obras- un inusitado espíritu borgeano y un método enciclopedista que parte de Tácito y culmina en la figura de Jezabel.
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Revela Szentkuthy una existencia consagrada a las letras, provista de una erudición abundante y un estilo impecable, elegante, convencido del compromiso definitivo con las letras sin retorno al mundo pedestre; muestra de esa escritura vinculante es este excepcional volumen que acaba de editar Siruela de forma exquisita, en la apetecible traducción de Adam Kovacsis, seguramente poseído por el espíritu del autor y traductor nacido en Budapest en 1908, del que el año que viene se cumplen cien años de su nacimiento.
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La literatura debería ser eso: una incitación múltiple a la lectura de otras lecturas y, lo que es más sugerente, de otras artes, por cuanto Szentkuthy sólo entendía las letras desde un punto de vista interdisciplinar. Como en Renacimiento negro, la música lleva a la literatura, a la filosofía y a la pintura, aunque en nuestros días seguimos empecinándonos en compartimentar el saber, incapaces de abarcarlo todo; es decir, la literatura como un ejercicio natural en que la investigación se funde con la creación. El estímulo -ese afán que emerge en su anterior obra en homenaje a Casanova- se muestra cada vez más fuerte a medida que avanza Monteverdi en su periplo de sabiduría hasta alcanzar el edificio sobre el que erigirá su ópera, el resultado de un caleidoscopio que integra ficciones de otras ficciones.
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La búsqueda de la inspiración parte de un intento definitorio del amor, tanto más intenso cuanto mayor juego mental entraña. De hecho, el viaje de Monteverdi, amén de filológico, se muestra profundamente filosófico y ético: el buscador de ficciones lo es también de verdades, apátrida sin descanso que recorre los caminos del lenguaje -lo más parecido a la vida- y se detiene en cada palabra, como hicieron los dioses cuando las crearon. Descubrirá el valor de la senectud, la sabiduría que encierra Séneca, y de ahí pasará a rastrear la musa por la mitología y el libro del Apocalipsis.
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Renacimiento negro es una novela orgánica que se sabe excepcional en su lenguaje y su planteamiento y que, como soporte energético, recomiendo al lector para que abra boca este otoño, para que se atreva con unas gotas de un elixir que se encuentra hoy bajo sospecha: la inteligencia.
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