Un boceto
Podemos encontrar una descripción casi perfecta de nuestro escritor en las siguientes palabras de André Velter, crítico literario de Le Monde y director de "Caravanes" (Revista Anual de literatura), que nos lo pinta de tal guisa:
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Creador megalómano, Szentkuthy ha sabido estar a la altura de su desmesura [recordemos que medía casi dos metros]. Su catedral de papel, barroca en extremo, contiene naves históricas, capillas poéticas, abismos biográficos, un coro lírico, ramalazos épicos, confesiones eróticas y hasta sacristías repletas de bromas y trampas. Los nueve volúmenes de su extravagante breviario (el "Breviario de San Orfeo") nos lo presentan como el más riguroso fabulador que haya existido jamás, un fabricante de mitos que igual se coloca la púrpura cardenalicia que los oropeles reales o el velo de las cortesanas. Pérfidamente hagiográfico, dulcemente blasfemo, cuenta historias de santos, de papas, de vicarios travestidos y de infantes bíblicos. “Soy católico”, reconoce abriendo con un gran gesto sus manos, más propias de un estrangulador que del sacerdote que imparte la extremaunción; para añadir después por su cuenta, “un católico muy liberal”.
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