Aproximación al Sexo o Pequeño Tratado sobre el "Aquí te pillo, aquí te mato"
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En la nota 31 de A propósito de Casanova teoriza Miklós sobre las circunstancias en las que -según declaración propia- se producían la mayoría de las conquistas del veneciano, en el "fondo de las carrozas (...), cuyos muelles dejaban mucho que desear". Tras una apostilla acerca de la consideración que la actitud femenina le merece con respecto a la sensualidad, cuyo único criterio entiende que es "la entrega pasional a las más intensas alegrías carnales, incluso en las posturas más estúpidas, y la absoluta falta de pretensiones de índole estética", zanja la cuestión candente del amor y la sexualidad (su libertad, su concepción, su derecho, su prosaísmo, su realidad) con una clarividencia que, por provocativa, ahora nos puede menos que parecernos casi posmoderna y de una actualidad indudable (recordemos que ésto se escribió en 1939):
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Una mujer que necesita un ambiente apropiado: colores y perfumes, posturas correctas, preliminares codificados según reglas formales, pausas y contenciones, o sea determinada "predisposición", puede ser la mujer más hermosa del mundo, la más inteligente, la mejor, pero debería dejar el amor en manos de otra. Un "ambiente" así es la larva más hipócrita que la impotencia haya podido idear jamás. La única posibilidad auténtica es entregarse al cuerpo, incluso en las posturas más grotescas y burlescas, con el mismo pathos con que se entrega Orfeo a su laúd infernal.
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Por si alguien lo ha olvidado, Orfeo tocaba el laúd de forma lastimera y sentida durante su descenso al submundo en busca de Euridice con objeto de ablandar el corazón de Hades y Perséfone, que eran los únicos que podían autorizar el retorno de la amada muerta al mundo de los vivos. Se sobreentiende que ese pathos a que hace referencia Miklós debe estar adornado de tal suma de virtudes que ni la inconsciencia más brutal o animal puede dejar de justificarla..., como bien saben aquéllos que se han visto obligados a follar en las posturas y sitios más insospechados que se pueda imaginar, sin que por ello se haya visto afectada en lo más mínimo su alta consideración de la estética y la sensibilidad ¡ejem! amatorias.
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El tono general de la obra, siempre en esta misma línea, nos permite apreciar a las mil maravillas el grado de competración de Szentkuthy con el sentir y la delicadeza vital de Casanova: para ambos el placer se nutre siempre de la imaginación..., y no hay mejor afrodisíaco que el pensamiento.












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